INTEGRISMOS

 Oh putain!

Cada vez se escuchan más voces que califican al ateismo como algo agresivo o intolerante como si eso fuera algo malo. Parece que la(s) religión(es) puede atacar a otros pero no tolera ser atacada, como si un ladrón callejero llamara a la policia cuando sus víctimas se defienden. El ateismo en realidad se defiende de la agresividad de la religión-política. Ser ateo actualmente ya no es renunciar a algo sinó defenderse y sobre todo defender la libertad de expresión que por supuesto es sagrada, mucho más sagrada que cualquier Dios, profeta o escritura habida o por haber.

Se aduce que los ateos son tan intolerantes como la gente a la que critican. Menos mal, porque ¡alguien tiene que serlo!. Sobre algunas cosas son realmente intolerables, veamos:

– Misoginia y sexismo; absolutamente intolerante

– Racismo, antisemitismo; por supuesto muy intolerante

– Homofobia tal vez; para nada

– Crueldad con los animales; tolerancia cero!

– … sigo?

… No son ni la mitad de cosas con las que son intolerantes, Cuántos problemas, eh!

Pues aún son más intolerantes si encima se usa la religión como excusa de alguno de ellos. Uno se vuelve descaradamente hostil, y sin disculparse porque no hay por qué hacerlo.

Se dice a menudo que hay que respetar los sentimientos de las personas. Bueno, y ¿qué hay de los sentimientos de un ateo? ¿Qué hay de lo que experimento cuando veo la religión ha contaminado el mundo en el que tengo que vivir? Sobre todo cuando veo que ese Dios ha sido diseñado expresamente para envenenar nuestra experiencia en la tierra no para mejorarla. Para mantenernos temerosos, suprimir el conocimiento, restringir la libertad, la creatividad y para celebrar la muerte. No es otra cosa que la estupidización santificada de la raza humana. Exigir que se respete la religión, es un insulto que merece ser devuelto con considerables intereses.

La religión no merece ser respetada porque:

a) No brinda ningún respeto a otros.

b) No presenta ninguna evidencia.

La evidencia de hecho es rechazada porque elimina la necesidad de tener Fe.  La Fe es una de las tres falsas virtudes. Las otras dos son la devoción y la moralidad. Confluyen todas en contaminar cuanto tocan con una gruesa capa de ignorancia piadosa. Sólo que no la llaman ignorancia, la llaman Fe. Esta palabra; Fe, rezuma una aurea falsa de puerza y virtud, mientras da apoyo a ideas de lo más horrible; cierran los corazones de la gente cuando deberían abrirlos, hace sentir orgullo de cosas que deberían avergonzarnos, y nos avergüenza de cosas de las que tendríamos que estar orgullosos.

Cuando se observa el barbarismo violento del integrismo islámico, vemos que ninguna acción noble es demasiado depravada para una mente que se permite cualquier licencia que da la Fe. Si uno toma al pie de la letra a ese Dios y lo que supuestamente dice su libro, uno puede ser un total monstruo maligno, sin corazón y además sentirse bien por ello. También en occidente nada es tan deshonroso que la Fe no pueda desinfectarlo; la aprobación de la ley que quitaba los derechos civiles a los homosexuales en California el mismo día que se elegía el primer presidente negro en Estados Unidos. Las expulsiones de judíos y moriscos en la insustancial España de los Reyes Católicos, las repetidas fatuas de ciertos imanes condenando a muerte a quien se atreva a criticar un verso del Corán; Salman Rushdi o el ataque a embajadas occidentales en países árabes después de publicarse unos dibujos de Mahoma en un periódico danés…

Fue la Fe quien convirtió en fieles abnegados y virtuosos a todos los ejecutores de las atrocidades mencionadas. Espantoso pero hay más. Debido a una falsa virtud en el uso de la libertad de acción que se otorga a la Fe, la radicalización religiosa-política está fuera de control. Incluso se pretende emanar leyes en paises supuestamente laicos contra la blasfemia, para proteger a la gente de escuchar algo que agite sus mentalidades de la Edad Media. El concepto mismo de blasfemia es la ilustración perfecta de la cobarde inmadurez de la mentalidad religiosa y del vacío de la religión misma. Si la religión contuviera alguna verdad, se la podría insultar, ridiculizar, y hasta profanar sin disminuirla en modo alguno. Su verdad brillaría sin alterarse reduciendo a sus atacantes al silencio. Pero las cosas no son así. La religión es irritable, intolerante, hiperdefensiva, precisamente porque es frágil y resquebradiza, no tiene solidez, es todo fachada-liturgia y ninguna sustancia, tuvo siglos para probar su doctrina y todo lo que produjo fueron sofismas, violencia, y una moral hipócrita y vergonzosa. La única verdad de la religión es que es mentira. Su pretensión de un conocimiento superior es de echarse a reir, ni siquiera tiene un conocimiento “inferior”, ni una sola de sus afirmaciones absurdas sobre la realidad se sostendrían en un juzgado.

Esto es lo que piensa un ateo. Y quién no lo comparta quién no esté de acuerdo con esto, ya sabe lo que puede hacer con su opinión. Y si no lo sabe no hay ningún problema en decirselo:

Paz.

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